TRANSFORMANDO EL DOLOR EN AMOR

Juliana nació el 29 de febrero del 2020, a las 34 semanas pesando 3 libras, ya que durante el  embarazo, ella sufrió restricción del crecimiento intrauterino, de estas complicaciones presentadas  tras su nacimiento, la bebita  necesito ser ingresada en un hospital privado por 16 días, donde los  costes únicamente  pudieron ser solventados gracias al amor y ayuda económica que nos brindaron, amigos, familiares y personas anónimas que se sumaron de forma altruista a nuestro auxilio, pues en ese momento no contábamos con un seguro médico en cual respaldarnos.

Tras necesitarse la continuidad de la intervención hospitalaria y no poder continuar con la carga económica que representaba seguir en un hospital privado, se hizo necesario trasladar a Juliana al Hospital Roosevelt, donde con muchos miedos en el corazón, tomada de la mano de mi bebe y preguntándole a Dios; ¿Qué necesitaba el Roosevelt de Juliana y de Luisa? ¿Por qué nos había tocado llegar hasta a este Hospital? iniciamos la travesía por este centro asistencial.

El día que Juliana fue trasladada, la recibieron con mucho amor, me permitieron quedarme toda la tarde junto a ella y dejarla instalada en su cunita, esta misma tarde pensé que ya no tenía una cuenta excesiva que pagar ese día, pues en el hospital privado, se tenía que pagar  día a día las cuentas médicas, por lo que esa misma tarde decidí comprar jugos, galletas y frituras para preparar 15 bolsas de refacción para las enfermeras que estaban de turno en el área de neonatología, donde estaba Juliana, repitiendo ese ejercicio cada vez que iba a visitar a mi hermosa bebe, colocándole a cada bolsa que contenía la refacción  «Con amor Juliana».

En el Hospital Roosevelt pude sentir el amor que cada enfermera y médico le dieron a mi bebe, durante la estadía nos hicieron sentir como parte de la familia, brindándonos amor, paciencia y un eficiente acompañamiento durante el proceso que estábamos viviendo.

Lamentablemente mi hermosa bebe contrajo un virus que ocasiono su muerte, llegando así el momento más difícil de mi vida un 4 de abril de 2020 a las 3:00 a.m. cuando con mucho dolor en mi corazón llegue a recoger a mi Julianita a la morgue del hospital.

Fue un tiempo muy difícil de duelo por  Juliana, donde ella misma a pesar de su partida física,  se transformaba en el ímpetu y motor para levantarme, cuestionándome nuevamente; ¿qué necesita el Hospital Roosevelt de Juliana y de Luisa?, y es así como decidí regresar el 17 de noviembre de 2020, específicamente durante la  conmemoración del  día del prematuro, que tras efectuar una  convocatoria en redes sociales para pedir apoyo  se logró   recolectar la ayuda necesaria para asistir y  hacer resurgir   el  espíritu de aquellas visitas a mi bebe durante su estadía en el hospital donde decidí  llevar refacciones,  pero esta vez ampliando el gesto para todo el personal del área de neonatología. Asistí a esta primera entrega de forma personal, apoyada en mis compañeras de cafetería, cuya apertura en honor a Juliana, había efectuado meses posteriores al fallecimiento de mi bebe, pudiendo llevar 70 refacciones, ropa para prematuro y madres, gracias a la ayuda recibida por personas que sin conocerme, brindaron nuevamente su amor y apoyo a la causa.

Desde entonces me he propuesto mes a mes poder visitar el Hospital Roosevelt para devolver un poco de cariño y amor que tanto Juliana como yo recibimos durante nuestro paso, y cuyo esfuerzo ha sido respaldado por todas las increíbles personas que atienden nuestro llamado de apoyo, donde la ayuda ha ido creciendo pudiendo llevar hoy en día: refacciones para el personal médico,  así como también  ropa, medicamentos y otros implementos para los bebes que serán egresados del centro asistencial, ampliando cada vez más nuestra cobertura,  replicando nuestra labor en el Hospital San Juan de Dios y Niño Sano del Roosevelt, hasta llegar al culmen de nuestro apoyo, donde juntos efectuamos en 2021 la primera carrera por los  prematuros en Guatemala.

Con amor Juliana